Reseñas biográficas de músicos

 

A. Adam (1803-1856), compositor francés, cuya obra más recordada es un ballet, paradigma del género en la Francia del siglo XIX, aunque dedicó prácticamente todos sus esfuerzos creativos al género operístico.

J.S. Bach (1685-1750), compositor alemán, más conocido en su tiempo como organista y maestro que como compositor. Y sin embargo, es el creador genial que realiza una síntesis de todo lo hecho hasta su tiempo. Dentro de su modesta vida familiar, lleva a cabo una labor musical gigantesca: pasiones, cantatas, suites instrumentales, obras para órgano, misas. Por su significación artística e histórica se le ha llamado "el padre de la música".

F.A. Barbieri (1823-1894), compositor y musicólogo español, autor principalmente de zarzuelas. Considerado como el padre de la zarzuela y precursor del idioma musical español.

L. van Beethoven (1770-1827), tiene un lugar señalado en la historia de la música, pues la mayor fuerza de su persona consistió en haber sido genio de la transición del clasicismo al romanticismo, el hombre capaz de empezar en un mundo y cambiarlo con su inmensa fuerza interior.

H. Berlioz (1803-1869), compositor francés, puso en música su personalidad exuberante y su idea de lo que debía ser el arte de los sonidos: un cauce para las pasiones humanas. Fue un gran orquestador y, junto a Franz Liszt, uno de los principales impulsores de la llamada música programática.

G. Bizet (1838-1875), compositor francés, que en su corta vida no conoció el verdadero éxito. Fue un hombre de teatro, a pesar de haber compuesto obras instrumentales afortunadas. Sus óperas pasaron sin pena ni gloria y la fría acogida de Carmen precipitó su muerte.

L. Boccherini (1743-1805), compositor y violonchelista italiano afincado en España desde los 25 años, donde desarrolló la mayor parte de su carrera como compositor. Estéticamente pertenece al estilo galante, tan "madrileñizado" que escribió zarzuelas con libretos de don Ramón de la Cruz.

J. Brahms (1833-1897), representa la continuación de la mejor línea del sinfonismo europeo. Su obra es la contribución al arte sonoro de un alma grande, noble y generosa. Tiene tan profunda riqueza, que por fuerza produce opiniones dispares acerca de su significado.

M.-J. Canteloube (1879-1957), compositor, musicólogo y autor francés, que sentía gran interés por la música popular y viajó por toda Francia tomando apuntes e investigando su folclore, que consideraba lleno de “sentimiento y expresión”, y del cual recopiló casi 1.500 canciones.

E. Chabrier (1841-1894), compositor francés, crítico con la sociedad de su tiempo, fue amigo y admirador de pintores como Auguste Renoir, Claude Monet o Édouard Manet. Dejó parte de su mejor música en óperas cómicas y poseía un estilo muy particular de orquestación.

F. Chopin (1810-1849), compositor y pianista polaco. Si el piano es el instrumento romántico por excelencia se debe en gran parte a la aportación de este autor que exploró un estilo intrínsecamente poético, de un lirismo tan refinado como sutil, que aún no ha sido igualado. Pocos son los músicos que, a través de la exploración de los recursos tímbricos y dinámicos del piano, han hecho «cantar» al instrumento con la maestría con qué él lo hizo. Y es que el canto constituía precisamente la base, la esencia, de su estilo como intérprete y como compositor.

J. Clarke (1674-1707), compositor barroco inglés, compuso música para clavicordio y órgano, y misas y otras obras religiosas, incluyendo 20 himnos y varias odas.

F. Couperin (1668-1733), compositor francés, en sus obras se trasluce su admiración por Corelli. Sus conciertos representan un paso adelante en la música orquestal, y sus obras para teclado le hacen destacar entre los llamados clavecinistas franceses. Su estilo es gracioso y vivo, a veces levemente humorístico e intencionado.

L. Delibes (1836-1891), compositor francés, agradable y afortunado autor de óperas, operetas y ballets. Aunque carece del genio de Bizet o la inspiración de Gounod, su música ocupa un puesto de privilegio en el repertorio lírico galo.

A. Dvorak (1841-1904), máxima estrella en la música checa, es un ejemplo de compositor nacionalista, ya que fundó toda su obra en los temas populares de su Bohemia natal, pero cuando tuvo ocasión también fijó su atención en otros folklores.

G. Faure (1845-1924), compositor, pedagogo y pianista francés, por la elegancia de su escritura, la perfección de la forma, la constante búsqueda de la belleza y su intenso melodismo, es uno de los músicos franceses por antonomasia. Es también una de las figuras clave de la evolución de la música francesa desde el Romanticismo hasta la modernidad del siglo XX.

M. Fernández Caballero (1835-1906), compositor español, destacado y prolífico autor de zarzuelas, aportó al género más de doscientas piezas. Se le puede considerar por sus trabajos como uno de los maestros, padres del joven género chico. Sus obras en general muestran de manera elocuente un gran dominio de la orquestación y un estilo elegante.

L. Ferrari (1910-1988), acordeonista y compositor italiano, que hizo carrera en Francia en los años 30 del siglo XX.

O. Fetrás (1854-1921), director de orquesta alemán, compositor de música popular de baile, marchas militares, piezas para piano y arreglos.

R. Friml (1879-1972), compositor y pianista estadounidense de origen checo, estudió bajo la tutela de Antonín Dvořák y emigró a los Estados Unidos en 1906. Escribió sobre todo musicales y operetas, varias revistas y dos ballets.

C.W. Gluck (1714-1787), compositor alemán del periodo Barroco, creador de un estilo nuevo y natural en la ópera francesa, subordinando la música a la poesía con el fin de reforzar la expresión de los sentimientos, despojando a aquella de adornos superfluos.

W. Goetze (1883-1961), compositor alemán de operetas y revistas, comenzó su carrera componiendo canciones.

Ch. Gounod (1818-1893), se distinguió, en vida, como uno de los más prolíficos y respetados compositores franceses. Operista poco afortunado, su catálogo incluye obras en todos los géneros, tanto sacras como profanas.

E. Granados (1867-1916), pianista y compositor español, romántico en su obra y también en su vida, por el sentimiento hondo de sus composiciones y también por su expresión vital, desde el amor a la naturaleza hasta el terror al mar. Revivió un refinado casticismo madrileño en sus Tonadillas para voz y piano, y sus Goyescas para piano, con cuyos temas compuso una ópera.

E. Grieg (1843-1907), compositor noruego, intimista y afecto a las pequeñas formas, sobre todo por reacción contra la influencia del sinfonismo alemán. Su concepto de la música nacional, a veces, no tomaba muy en serio el patriotismo artístico.

F. Grofé (1892-1972), compositor, arreglista, pianista y director de orquesta estadounidense, Se formó con profesores particulares y trabajó con varias orquestas sinfónicas, teatrales y grupos de jazz. En 1920 entró a formar parte de la banda de su compatriota Paul Whiteman, una de las agrupaciones más famosas de los años treinta, como pianista y arreglista, convirtiéndose en su brazo derecho.

F. Gruber (1787-1863), compositor del famoso villancico «Noche de paz», fue maestro de escuela y organista en la iglesia de San Nicolás, en Oberndorf, población cercana a Salzburgo.

G.F. Haendel (1685-1759), el "famoso sajón", como se le conoció, llevó a Inglaterra los concerti grossi y la gran ópera al estilo italiano de temas históricos o mitológicos. Al decaer esta forma vertió su inspiración hacia el oratorio y marcó un modelo en el género sinfónico-coral. Sus grandes suites nos dan medida de su genio.

R. Hahn (1874-1947), compositor, cantante, pianista y director de orquesta, y crítico musical -venezolano de nacimiento, francés y alemán de adopción- radicó desde muy niño en Francia en donde escribió canciones en la tradición clásica francesa, con un sabor a fin de siècle. También compuso óperas, operetas, música de cámara y música orquestal.

F.J. Haydn (1732-1809), compositor austriaco, considerado el padre de la sinfonía y muchas veces conocido con el cariñoso apelativo de "papá", estableció la forma, el equilibrio y el significado de la sinfonía, el cuarteto -quizás el género más puro de todo el arte sonoro es la música de cámara- y la sonata para pianoforte.

J. Hellmesberger II (1855-1907), compositor, director y violinista austriaco, escribió operetas, ballets y música incidental, y estaba estrechamente ligado con el Ballet de Viena como director de orquesta. Sus composiciones incluyen también una serie de piezas de danza.

V. Herbert (1859-1924), compositor estadounidense de origen irlandés. Su bien fundada educación musical, su habilidad instrumental y su talento melódico se ven reflejados en las más de 40 operetas que produjo.

G. von Holst (1874-1934),  compositor británico, llegó a ser, como su maestro, un apasionado folklorista, y fue uno de los pocos compositores clásicos que ejerció mucha influencia en el rock y música popular a mediados y fines del siglo XX. Su contribución a los instrumentos de viento-madera le garantizó un lugar en la historia de éstos.

A.I. Jachaturián (1903-1978), compositor y director de orquesta soviético de origen armenio. Dotado de un excelente sentido melódico, Aram destacó, sobre todo, por sus composiciones para ballet y por su sentido de la orquestación, llena de colorido, melodiosa, sensual y lírica.

B. Kéler (1820-1882), compositor y director de banda húngaro, muy popular por su música de orquesta y baile, fue considerado como uno de los mejores escritores de solos de violín.

J. Kern (1885-1945), compositor estadounidense. Escribió más de 700 canciones y más de 100 partituras completas para programas y películas en una carrera que duró desde 1902 hasta su muerte.

K. Komzák III (1878-1924), compositor y director de orquesta austriaco, hijo de Karl Komzák II, de sus obras sólo son populares el Grillenbanner-Marsch op. 285 y el vals Münchner Kindl Op. 286. También escribió una opereta, pero nunca se estrenó.

F. Kreisler (1875-1962), violinista, compositor y pianista de origen austriaco, es considerado uno de los más grandes violinistas de la historia. Era idolatrado por la increíble belleza de su timbre, de características únicas, así como por su intenso y expresivo vibrato, su uso del portamento, la elegancia y naturalidad de su legato y su perfecta articulación, características todas que conferían a su arte un sello inconfundible. Usó el seudónimo de Gaetano Pugnani para publicar algunas de sus obras.

F. Lehar (1870-1948), compositor y director de orquesta húngaro, fue, junto a Jacques Offenbach y Johann Strauss II, uno de los más notables compositores de operetas y contribuyó en gran medida a renovar el género. Constituye el máximo representante de lo que se ha dado en llamar la edad de plata de la opereta vienesa.

F. Liszt (1811-1886), compositor húngaro, a quien las incidencias de su vida, sentimentales y aventureras, su final ordenación de sacerdote, su extraordinario brillo como virtuoso del piano, hacen olvidar, a veces, sus grandes virtudes creadoras. En el piano supo formar una nueva técnica trascendental. En la orquesta, su contribución es importantísima, y sus ideas influyeron grandemente en su amigo y yerno Richard Wagner.

F. Loewe (1901-1988), compositor estadounidense de origen alemán, fue un pianista prodigioso; a la edad de 13 años se convirtió en el solista más joven que jamás haya tocado con la Orquesta Filarmónica de Berlín. En 1942 conoció al letrista estadounidense Alan Jay Lerner y trabajaron juntos durante 18 años, de cuya relación se produjeron cinco clásicos musicales.

H.Ch. Lumbye (1810-1874), compositor danés, escribió una gran cantidad de atractiva música de baile, a la manera que Lanner y Strauss I habían hecho populares, valses, polcas, marchas y galops.

L.-A. Maillart (1817-1871), compositor francés, famoso por sus óperas, es reconocido por su talento como melodista, y su fuerza para inspirar a una amplia audiencia más allá de las fronteras francesas: su música también se interpretó en Alemania y en Nueva York.

A. Marcello (1669-1747), fue un poeta, filósofo y matemático del barroco. Quizás fue la composición musical la actividad en la cual destacó más. Coetáneo de Antonio Vivaldi, daba conciertos en su villa natal de Venecia. Compuso y publicó varios grupos de conciertos, incluyendo conciertos bajo el título de La Cetra (la lira), así como cantatas, aires, canzonettas y sonatas para violín.

P.M. Marqués (1843-1912), compositor español, uno de los iniciadores del sinfonismo español. También es autor de diversas piezas de música de cámara y varias zarzuelas.

P. Mascagni (1863-1945), compositor de origen italiano reconocido por sus óperas pero caído en desgracia en sus últimos días por su apoyo al fascismo. Se lo consideró iniciador del verismo, movimiento estético que se desarrolló en Italia a finales del siglo xix y principios del xx y que representaba la realidad sin idealizaciones. El estilo se distingue por el retrato realista – algunas veces sórdido o violento – de la vida cotidiana contemporánea, especialmente la vida de las clases bajas, rechazando los temas históricos del Romanticismo, o los míticos.

F. Mendelssohn (1809-1847), compositor alemán de personalidad muy definida. El clasicismo que se le ha señalado nace de un respeto a las formas tradicionales y de una particular serenidad en la clara inspiración. Lo feliz de su existencia -se dijo que era feliz en la vida y en el nombre- ha hecho creer que era un artista fácil y sin problemas estéticos, pero borraba y corregía mucho, esclavo de su sentido de la autocrítica.

S. Mercadante (1795-1870), compositor italiano a quien el estímulo de Rossini le llevó a componer óperas, donde consiguió un éxito notable, hasta que su vista comenzó a fallar, a partir de los sesenta años, y se quedó ciego.

A. Messager (1853-1929),  compositor y director de orquesta francés, compuso 45 obras escénicas, de las que ocho son ballets. También compuso una sinfonía en 1875 y numerosas canciones y obras instrumentales.

L. Mozart (1719- 1787), compositor, director, profesor y violinista. Padre de W.A. Mozart. Instalado en la corte del arzobispo de Salzburgo, fue un excelente violinista. Es autor de música instrumental y vocal y de un importante método de violín: Versuch einer gründlichen Violinschule (Tratado completo sobre la técnica del violín)

W. A. Mozart (1756-1791) De él escribió Goethe: "Un fenómeno como Mozart queda para siempre como un milagro que no se puede explicar".

M. Mussorgsky (1839-1881), compositor ruso, de familia distinguida, oficial del ejército en su juventud, hombre brillante y refinado, al dedicarse al arte, sufrió un choque vital que le hizo derivar hacia una vida tan desordenada como desgraciada. Autodidacta en lo musical, sin embargo, su enorme intuición y su talento natural le llevan a ser un creador. La música para él es un reflejo de la vida y de la verdad.

J. Offenbach (1819-1880), compositor francés, autor de operetas que parodiaban la política y las debilidades del Segundo Imperio de Napoleón III. Su estilo musical es alegre e ingenioso. Con sus operetas (término acuñado por él en 1856 para La rose de Saint-Flour) impuso un género que fue imitado por Johann Strauss hijo, Arthur Sullivan y Franz Lehár y por otros autores de musicales del siglo XX.

J. Pachelbel (1653-1706), compositor, clavicembalista y organista alemán del periodo barroco. Se encuentra entre los más importantes músicos de la generación anterior a Johann Sebastian Bach. Además de componer una gran cantidad de obras sacras y seculares, contribuyó al desarrollo del preludio de coral y fuga, lo que le granjeó un lugar entre los compositores más importantes de la era barroca.

N. Paganini (1782-1840), violinista, violista, guitarrista y compositor italiano, considerado entre los más virtuosos músicos de su tiempo, reconocido como uno de los mejores violinistas que hayan existido, con oído absoluto y entonación perfecta, técnicas de arco expresivas y nuevos usos de técnicas de staccato y pizzicato.

Ch. Petzold (1667-1733), compositor y organista alemán, permaneció activo principalmente en la ciudad de Dresde, donde alcanzó una gran reputación en vida, sin embargo muy pocas de sus obras han sobrevivido.

R. Planquette (1848-1903), compositor francés, quien se especializó en la composición de canciones, un género muy popular en la Francia de su época y, al igual que otros compositores contemporáneos, no tardó en ceder a la tentación de componer obras para la escena.

H. Purcell (1659-1695), compositor inglés, hace en su país una síntesis de la música inglesa tradicional y de las influencias italianas, francesas y alemanas. En su corta vida produce música instrumental, óperas y páginas religiosas impresionantes.

S. Rachmaninov (1878-1943), compositor ruso, fue un virtuoso del piano, uno de los más famosos de su tiempo. Si en sus sinfonías y otras obras orquestales se manifiesta como un último seguidor de los alientos románticos, esto es mucho más claro aún en sus obras para piano, preludios, estudios o momentos musicales que, aun con una visión más moderna, quieren seguir fielmente los estilos del romanticismo.

M. Ravel (1875-1937), compositor francés, se le tachó de cerebral y de frío constructor de obras de arte, pero en su obra hay también pasión y lirismo en la melodía. Su obra para piano está llena de contrastes. La influencia española, por su nacimiento cerca de la frontera y por sangre materna, se manifiesta en muchas de sus composiciones.

N. Rimski-Korsakov (1844-1908) abandonó su juvenil carrera de marino militar para entregarse por completo a la música. Fue el único músico profesional entre sus ilustres compañeros. Profesor del Conservatorio de San Petersburgo, influyó grandemente en la vida musical rusa y con sus óperas estableció un estilo.

J. Rodrigo (1902-1999), compositor español, escribió obras en todas las estructuras musicales formales, particularmente el concierto. Sus composiciones incluyeron música para teatro, y cultivó, sobre todo, la música vocal, aportando a la canción un nuevo lenguaje universal con piezas maestras. Además, compuso importantes obras para violín, violoncelo y flauta. No obstante, debe su fama a su contribución al repertorio de guitarra, dándole universalidad a la guitarra española como instrumento de concierto.

S. Romberg (1887-1951), compositor austro-húngaro que vivió casi toda su vida adulta en Estados Unidos, conocido por sus musicales y operetas escritas al estilo vienés.

M. Rosenthal (1904-2003), compositor y director de orquesta francés, quien desarrolló la mayor parte de su carrera en la radio, donde se estableció como un fuerte defensor de la música de su tiempo. Uno de los pocos discípulos de Ravel, su notoriedad como director eclipsó la de compositor, aunque su nombre ha dado la vuelta al mundo como arreglista de la música de Offenbach.

G. Rossini (1792-1868), compositor italiano, la cara más feliz y divertida de la ópera, encontró sus mejores momentos en las músicas alegres y desenfadadas. Dedicado a la buena mesa, a la amistad y también a la música, compuso también deliciosas páginas para voz y piano y obras religiosas, por las que pedía humilde y graciosamente perdón a Dios.

D. Scarlatti (1685-1757), compositor italiano de óperas y obras religiosas de la escuela napolitana, fue desde muy joven un gran virtuoso del clavicémbalo, instrumento de teclado al que dedicó sus mayores esfuerzos creativos. Su obra maestra y lo que le da su glorioso puesto en la historia son sus Sonatas para clave, que traen a la música un nuevo mundo de fantasía.

F. Schubert (1797-1828), dominador de los géneros sinfónico y de cámara, primer explorador de caminos sonoros que luego habrían de recorrer otros grandes, fue, sobre todo, padre de nuevos estilos para la voz y el piano, y el primero que unió poesía y música en un todo indisoluble.

R. Schumann (1810-1856), compositor alemán, no solo fue un gran músico, sino un crítico apasionado y combativo, fundador de una revista musical. Su contribución a la música es fundamental. En las páginas breves encontraba lo mejor de su inspiración. Sus series pianísticas están llenas de episodios sorprendentes y originales. Sus obras grandes para piano o para orquesta, presentan algunas dificultades en la forma, en la misma arquitectura de la música, que quizás nunca llegó a dominar del todo.

J. Sibelius (1865-1957), fue un último romántico, que "inventó" un nacionalismo finlandés, más fundado en el ambiente y el paisaje que en un folklore casi inexistente. Dedicado por completo a la música, dejó un extenso catálogo. Con él desapareció todo un sentimiento musical romántico y nacionalista.

B. Smetana (1824-1884), compositor y director de banda checo, fue el primero que supo expresar en sus obras el espíritu, la esencia y los anhelos de su patria. En este sentido, debe ser considerado como al padre de la escuela musical nacionalista checa, cuya impronta sería decisiva en los autores que lo siguieron, entre ellos Dvorak y Janacek.

R. Strauss (1864-1949), compositor alemán, con quien el poema sinfónico, creado por Liszt años antes, adquiere su último aliento musical. Partiendo de la opulencia orquestal de Wagner, compuso poemas con motivo literario o histórico, poético, filosófico, e incluso autobiográfico. Dio también gran impulso a la ópera y continuó la gran línea del lied romántico.

J. Strauss II (1825-1899), el compositor de mayor y más duradero éxito del siglo XIX, admirado por Brahms, de quien Richard Strauss dijo "de todos los bendecidos por Dios, es para mí el más adorable dispensador de alegría", elevó el vals a las más altas cimas llevándolo a las salas de conciertos.

Josef Strauss (1827-1870), compositor y director de orquesta austriaco, ingeniero de vocación, sus composiciones tienen, en comparación con los trabajos de su hermano Johann, un cierto tono melancólico.

I. Stravinsky (1882-1971), creador de un mundo sonoro en colaboración con los Ballets Rusos de Diaghilev. Compuso multitud de obras en todos los géneros. Experimentó continuamente y por eso su producción es de una gran variedad estilística, dentro de una unidad de concepto.

A. Soler (1729-1783), compositor y monje jerónimo español, organista y clavicembalista, autor de obras religiosas, escénicas, instrumentales y de un importante tratado teórico.

R. Soutullo (1880-1932),  compositor español de zarzuelas y pasodobles. Entre 1919 y 1931 forma un famoso tándem con Juan Vert, con quien compuso grandes éxitos.

F. Tárrega (1852-1909), compositor y guitarrista español, se le considera el creador de los fundamentos de la técnica de la guitarra clásica del siglo XX y del interés creciente por la guitarra como instrumento de recital.

P.I. Tchaikovsky (1840-1893), compositor a quien un trágico destino marcó su vida y su obra. En sus páginas para piano, en sus canciones, se refleja un espíritu delicado. Sus ballets elevan el nivel musical del arte coreográfico ruso. Sus grandes obras para violín o para piano solo pueden ser abordadas por verdaderos virtuosos. Pero es en sus seis sinfonías donde se nos muestra más grande y perdurable.

G. Verdi (1813-1901), compositor italiano, cuyo sentido dramático para el teatro musical quizá no ha tenido igual en la historia. Supo dar sentido a su pueblo y se empeñó en una labor escénica de una riqueza extraordinaria.

J. Vert (1890-1931), compositor de zarzuelas español. Su producción en común con Reveriano Soutullo fue numerosa -31 zarzuelas- y constituye la última gran asociación de autores de la historia del género.

A. Vivaldi (1678-1741), compositor veneciano, se nos presenta como la máxima personalidad del barroco italiano. Mucho más conocido por sus contemporáneos como "il prete rosso" -el cura pelirrojo-, era virtuoso violinista y maestro de música en uno de los asilos de huérfanas de Venecia, donde formaba musicalmente a las muchachas hasta el extremo de poder interpretar con ellas las obras más difíciles. Los viajeros de la época hablan maravillas de esa orquesta y coro femenino.

A. Vives (1871-1932), compositor español, autor de canciones y de más de un centenar de obras escénicas entre óperas, operetas y zarzuelas, que destacó especialmente por estas últimas. Persona de gran cultura, también dejó una estimable obra literaria.

R. Wagner (1813-1883), compositor alemán, que al hacer la revolución en el teatro musical, la hizo también en lo sinfónico, con prolongada influencia sobre muchos de sus sucesores. Pensador y poeta, consideró la música como algo al servicio de un arte superior. Rebelde ante el poder constituido, desterrado, luchador ante la adversidad y luchador también en pleno triunfo, fue un hombre inquieto y artista empeñado en los más altos destinos.

E. Waldteufel (1837-1915), compositor francés tanto de música popular como de numerosas obras para piano, tales como valses y polkas.

C. M. von Weber (1786-1826), triunfó en vida y fue popular y admirado en Alemania e Inglaterra. Fue pianista y, sobre todo, director de orquesta, arte que contribuyó a definir y encauzar. Pero se le considera sobre todo como creador de un teatro musical alemán que había de constituir un capítulo del romanticismo, hasta Wagner y aún después.

H. Wolf (1860-1903), compositor austriaco, su vida inquieta y atormentada refleja la agitación espiritual del último romanticismo, al cual se adhirió con pasión. Pocos compositores demostraron una sensibilidad tan aguda para la poesía. Wolf era un poeta que pensaba con referencia a la música.
 
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